
Ayer,
tan sólo ayer,
cuando, de pronto,
se le rompió una esquina al horizonte
y te metiste en él.
Ayer,
cuando te hiciste ventana elemental,
sin rejas,
sin cristales.
Sólo luz y aire.
Tú misma, hoy,
eres aún ayer.
Hoy, tal vez, sea
un día sin horas,
sin minutos.
Un día sin latidos ni silencios.
...Hoy las veleidades propician
un pacto con el miedo...
Porque hoy es, ya, mañana.
Y mañana se escribe, siempre,
en clave de misterio.
Y en piedra ruda.
En tiniebla interior.
En duda.
Pero, mañana
puede ser, también,
un cálido latido
bajo tu dulce piel.
Una esquina del alma,
un único reloj
con una sola hora...
la que transcurre sin demora.
Esa que basta
para volver del revés todas las cosas.
Esa que disloca la más cabal de las rosas.
Porque mañana
eres tú misma.
Y algo que estalla dentro cada día.
Lo vital y lo eterno.
Una fuerza que rompe tu corteza,
que desnuda tu esencia,
que te hace renacer
con cada nuevo amanecer.
Estoy buscando el cierre en lo infinito,
en el imposible palpitar de nuestras almas,
en tu alma, en mi alma.
Ayer, hoy, mañana.
Amistad, pasión, devoción.
Tu vida, tu misterio, mi ilusión.

