martes, 23 de junio de 2009

TEMPUS


Ayer,
tan sólo ayer,
cuando, de pronto,
se le rompió una esquina al horizonte
y te metiste en él.

Ayer,
cuando te hiciste ventana elemental,
sin rejas,
sin cristales.
Sólo luz y aire.
Tú misma, hoy,
eres aún ayer.

Hoy, tal vez, sea
un día sin horas,
sin minutos.
Un día sin latidos ni silencios.
...Hoy las veleidades propician
un pacto con el miedo...
Porque hoy es, ya, mañana.
Y mañana se escribe, siempre,
en clave de misterio.
Y en piedra ruda.
En tiniebla interior.
En duda.

Pero, mañana
puede ser, también,
un cálido latido
bajo tu dulce piel.
Una esquina del alma,
un único reloj
con una sola hora...
la que transcurre sin demora.
Esa que basta
para volver del revés todas las cosas.
Esa que disloca la más cabal de las rosas.
Porque mañana
eres tú misma.
Y algo que estalla dentro cada día.
Lo vital y lo eterno.
Una fuerza que rompe tu corteza,
que desnuda tu esencia,
que te hace renacer
con cada nuevo amanecer.

Estoy buscando el cierre en lo infinito,
en el imposible palpitar de nuestras almas,
en tu alma, en mi alma.

Ayer, hoy, mañana.
Amistad, pasión, devoción.
Tu vida, tu misterio, mi ilusión.

viernes, 5 de junio de 2009

JAMAS LO SABRÁS


Pasarás por mi vida sin saber que pasaste.
Pasarás en silencio por mi amor y, al pasar,
fingiré una sonrisa, como un dulce contraste
del dolor de quererte... y jamás lo sabrás.

Soñaré con el nácar virginal de tu frente;
soñaré con tus ojos de esmeraldas de mar;
soñaré con tus labios desesperadamente;
soñaré con tus besos... y jamás lo sabrás.

Quizás pases con otra que te diga al oído
esas frases que nadie como yo te dirá;
y, ahogando para siempre mi amor inadvertido,
te amaré más que nunca... y jamás lo sabrás.

Yo te amaré en silencio, como algo inaccesible,
como un sueño que nunca lograré realizar;
y el lejano perfume de mi amor imposible
rozará tus cabellos... y jamás lo sabrás.

Y si un día una lágrima denuncia mi tormento
--el tormento infinito que te debo ocultar--,
te diré sonriente: "No es nada... Ha sido el viento."
Me enjugaré la lágrima... y ¡jamás lo sabrás!